martes, 30 de octubre de 2007

CAMINO

Camino toda tu ausencia
Cansado el paso que apuro.
Detrás la huella reseca
La cuenta de este andar duro.

La senda que está marcada
No lleva hacia mi destino
Y es triste para mi llanto
Ver dividirse al camino.

La pena que anda suelta
Rebusca entre mi equipaje
Encuentra mis cuatro lunas
y desdibuja el paisaje

Mi suerte no se amilana
perderse no es algo nuevo
pero es que cansa que siempre
desconozca el paradero

El rumbo de mis pisadas
desemboca en nueva hoguera
la ruta del que acompaña
me deja siempre a la vera

No se si seguir buscando
refugio para mi sueño
si por donde quiera que ando
no hay respuesta a tanto empeño

lunes, 29 de octubre de 2007

Tesoro de mamá...


De noche

Los chilenos decimos "nochie", y cuando nos escuchamos imitados en la boca de otro parece menos serio, parece un chiste sin gracia, pero chiste al fin. Sin embargo, la noche de mis días, mi "nochie" no parece digna de risas... pasan las horas mientras una nueva condición insomne se instala en las brumas de la semi quietud de mi depa, interrumpida en oleadas continuas por el "mar de carros", metáfora con que Julio compara últimamente a la decadencia de nuestra vida de pareja...

Será porque hace años compartíamos nuestra felicidad frente al mar del océano Pacífico, realidad truncada hace ya tanto tiempo, y que sólo ahora se atreve a gritarnos a la cara la falta de valentía, la desidia, el fracaso, todo al mismo tiempo y con aullidos grotescos... aullidos que me despiertan en medio de la noche temblando de rabia y miedo, aullidos que no dejan descanzar y que espesan aun más mi densa "nochie", haciendome vagar sin rumbo entre los cuartos dormidos... y entonces, cuando la desesperación se apodera de mis pasos, cuando ya no soporto un minuto más la vigilia obligada, me percato con horror que soy yo quien grita.

Gabrielita

Por la esquina de la casa
se asoma su cabellera.
Lindos ojos de aceituna
y sonrisa en luna llena.
Quien la viera por los rosales
juntar pedazos de palitos,
para jugar que ella prepara
la comida a sus hijitos.
Es la niña, la Gabriela
un trocito de solcito.
Y parece que anduviera
en puntita los piecitos
para sorprender a la vida
con su canto a la dulzura
y regalarle a todo el mundo
una montaña de hermosura.
Pequeña, dedo meñique,
nubecita blanca.
Pellejito, princesita,
chiquita de la esperanza

sábado, 27 de octubre de 2007

LIMA

Te camino sin ver el pasado y tu tiempo
huyendo recelosa de otro rostro, otra gente.
Te camino ensuciando el recuerdo de días
en que la consciencia de ti era más pura.
Ciudad que sin ser mía te me metes
bajo la piel, en los sueños, en el habla.

Nada de lo tuyo me pertenece
y me lo apropio ladrona de una memoria ajena
¿Cómo vivir sin recuerdos de calles de niñez
o trinos cuculies en madrugadas colegiales?,
¿o paseos a la Punta o a un Barranco menos decadente,
más sobrio y feliz?

Pero tu olor se ancla entre las rendijas de mi historia
y aprendo el juego colectivo de amor-odio
que tus naturales ensayan en las cervezas del viernes.
No soy de ti, y te vivo más, pero en la triste certeza
de no dejar ni una huella en el cemento de mis pasos

SÓLO PIERDE LA LUNA.

Las heridas que no fueron
El silencio envenenado
El dolor que no ha pasado
Entre todos estos años

Una flor que se marchita
Mariposa que no vuela
Un banco que está vacío
En una sala de escuela

Grita la tierra toda
De buscarte entre la lluvia
Gime de tanto miedo
De ese miedo
que es sólo tuyo
De las marcas
que en mi quedaron
De la vida
que te he robado

Sólo pierde la luna
De no ver tu sonrisa
Y se pierde la hierba
De tu suave caricia

Grita la tierra toda
De buscarte
Entre la lluvia
Gime de tanto miedo
De ese miedo
Que es sólo tuyo
De las marcas
Que en mi quedaron
De la vida
Que te he robado.

NATURALEZA HUMANA

Me pasa que no me sé, no me nombro, no me vivo. Me pasa que me pierdo entre tanto ruido tan ajeno a mi verdad.
Me busco entre paisajes y gente, me busco en el incesante traficar de una ciudad sorda, ciega y muda... una ciudad abarrotada de calles con vitrinas relucientes que buscan seducir a mi bolsillo en el engaño de sus luces.
Calles con perros y niños sucios, que evito mirar haciéndome parte de la estampida humana que corre tras el verde del semáforo. Me busco entre tantas caras de personas ajenas a mi propia historia.
Me busco en la jauría loca.... tras un espacio en la micro, tras un cajero automático o simplemente tras la oferta del día en “Almacenes Paris”...
Me pierdo en las razones “sin razones” que pueblan mi existencia condenada; me pierdo en la lejanía del sentido de este “sin sentido” en que venero a la patria y la bandera.
Me voy perdiendo entre la multitud ocre de mis mañanas sin desayuno luchando por ganarle minutos al tiempo...
Y vivo, sigo viviendo. En este espacio global y difícil en que se derrumban sueños y torres- con la ironía global que tienen las desgracias- poniendo así, una vez más, en juicio público a los buscadores de quimeras.
No hay espacio para mi búsqueda entre las miradas desconfiadas que me evalúan con sospecha a causa de mis pantalones remendados y mi eterno chaleco roto. No hay encuentro posible si me desechan a primera vista por no calzar a medida con el molde pre definido (encantador, sonriente y curvilíneo) de una señorita “bien”.
Unos ojos me miran insistentes, un rostro moreno me ofrece mote y digüeñes, compro mirando esas manos antiguas curtidas de trabajo y tierra, manos hacedoras de pan, manos que tejen y labran la huerta, manos que contienen en sí un antiguo relato que se deja contar como un río correntoso, como el canto de los pájaros, como la brisa en la hierba, ese cuento que nadie oye, que yo no oigo, pero que está vivo, oculto en cada recóndito lugar de esta ciudad...
Trato de verme en ese rostro, lleno de sol e historia y, sin embargo, no soy yo... quiero encontrarme en el remanso tibio y quieto de la orilla de un estero; oloroso a hierbas y tierra húmeda, pero no es mi lugar.
Me detengo a pensar, a pensarme. Soy un código en una tarjeta de plástico que me permite dinero automático y comida de mentira... una tarjeta que me designa un código de barra para leer y abrir puertas que, desde hace un tiempo, carecen de una sencilla manija.
En este mundo de chips y números, mi password me permite acceso a la ventana de la Web en internet... pero no me encontraré en el sistema binario de la globalización instantánea, ni en los botones de un “mouse” que no activaran ningún programa Microsoft en mi...
Mi naturaleza humana es más simple que la luz eléctrica y más compleja a la vez.
Mi naturaleza humana es lo que suelo perder en el torbellino de lo cotidiano.
Mi naturaleza humana me hace tu semejante, y contigo quisiera avanzar a veces, cuando el frío hace menos soportable esta soledad.
Mi naturaleza humana me hace sentir y soñar, y por eso he venido, a ver si por fin hoy nos sentamos un rato... a conversar.