
El sábado 29 era un día especial: el querido Piero Montaldo nos habia ofrecido entradas en VIP para acompañar su presentación como finalista del I Festival Claro de la Canción Peruana... evento largamente promocionado, y en el que con gran sorpresa para nosotros dos queridos amigos habian logrado ser parte de la terna finalista de dos categorías diferentes, Pierito en criollo y Marino Martínez en andino.
Esa noche fue lindisima en todo sentido, al triunfo en su categoría de Marino con su Yaraví "a Silvia del mar" le siguió el triunfo de Piero con "el Chalan" que, polémicas más polémicas menos, se merecía ampliamente el reconocimiento de su música.
Nos fuimos a casa con el "corazón contento" con risa y el recuerdo de los nervios y los gritos por partida doble que, privilegiadamente, dos queridos amigos nos habian regalado... pero quedaba pendiente todavía la jornada siguiente, la premiación general para la canción ganadora de entre todas las seis categorías que involucraban el festival...
Hasta las siete de la tarde del domingo no teníamos entradas, pero Julio que nunca se rinde, nos llevo a Gaby y a mi al Parque de la Exposición a ver que se hacía... teníamos que acompañar a los amigos aunque teníamos la casi certeza que era casi imposible que un género como criollo ganase, menos Andino... en un país marcado por la discriminación y el centralismo y en el marco de un festival popular, creíamos casi imposible que más allá de las calidades de nuestros amigos tuviesen oportunidad de ganar...
Llegamos a un anfiteatro abarrotados de adolescentes que esperaban por un grupo llamado "la quinta estación" sorpresa para nosotros, no conocíamos ni de oidas la existencia de dichos "músicos" banda de lugares comunes con la unica gracia de la potente voz de su vocalista... que seguramente estaba ahi más por sus piernas que por su voz, pero en fin... eso vino después y francamente a esas alturas no nos importaba ni un pincho.
Pasaron las tres categorías restantes mientras nuestro relajo contrastaba con el nerviosismo del día anterior, esperabamos tranquilos que ganara cualquier tema promocionable en las radios. Cuando llegó el momento de la final un resúmen de los temas del día anterior nos devolvió la conmoción sentida ante la impecable presentación de Marino, la alegria de la performance de Piero y las ganas y los nervios... dejé a Gaby en el suelo para poder aplaudir (por las dudas) y mi bolso amarrado a los pies para tener libertad de movimiento... fue confuso, en algún momento entre la chachara de Gianmarco escuché "a Silvia del mar" y mis propios gritos fueron ahogados por los de Juanjo, hermano de Marino que saltaba y gritaba como un enajenado...
Recuerdo que la emoción me embargaba de tal manera que temblaba de pies a cabeza ¿en qué momento el mundo habia cambiado tanto que un músico era reconocido en un festival por su calidad, poesía, musicalidad, riesgo, etc.? no era creíble... sin embargo, ahora, lejos del ahogo y la euforia del momento es posible analizarlo de mejor modo...
"a Silvia del mar" la escuché por primera vez en el comedor de mi casa. Fue un regalo de Marino, como una respuesta de complicidades ante una reciente composición mía a mi abuela muerta... la madre de Marino habia fallecido hacia un tiempo, y Marino habia compuesto un Yaraví para ella, celosamente guardado... era parte de su intimidad, de su forma de lidiar con su duelo, pero la belleza de su composición traspasaba eso íntimo para volverlo universal.
Volví a escuchar en mi casa alguna vez el Yaraví de Marino, él siempre de perfil bajo y sin aspavientos de ningún tipo, por supuesto no la habia grabado ni tenía intenciones de hacerlo, pero en fin, sabíamos que no se le podía insistir... el talento musical de Marino es parte de las representaciones colectivas de nuestro pequeño mundo, quienes lo conocemos sabemos que es tremendo músico y también que él no hará mucho para que esa gente se amplié... a el no le gusta explicarse, no le gusta mostrarse, le carga el figuretismo y una de las virtudes que mas debe admirar es la prudencia... su talento, por supuesto, traspasa eso, pero el se juega chueco a menudo y logra esconderse de modos increíbles... tal vez por eso nos sorprendió tanto cuando supimos de su participación... con gusto infinito al saber que era uno de los finalistas, sabiendo de antemano que si el jurado era de calidad sus posibilidades de ganar eran altisimas.
Cuando Marino salió al escenario la parafernalia del festival desapareció... era sólo eso: un escenario, un hombre vestido de blanco con su guitarra y otro de negro con su guitarra, dos microfonos y nada más.
Desde el primer acorde la música no llegaba a los oidos, sino directamente al estomago, a los recuerdos mas antiguos, recuerdos de aromas maternos, y caricias y calor... recuerdos de sonidos atenuados por líquido amniotico, recuerdos de tibieza, de dulzura de leche, recuerdos de madre.
El tema que habiamos escuchado en la sala de mi casa había criado alas, y fluía desde la voz de Marino (una voz doliente, chiquita, pero que a diferencia de otras veces llegó a cada nota de modo impecable) al tiempo que unas soberbias guitarras inundaban la noche limeña. El Yaraví habia viajado al fondo mismo de la tierra Arequipeña y regresado con estilo propio, transformado en pura belleza.
Marino hace música desde que era un adolescente, pero a diferencia de alguien como yo, el tiene kilos de talento... y ha apostado con porfía y el ensimismamiento de una mula a vivir de la música (eso mismo que yo y tantos otros no nos atrevemos a hacer por que el miedo del fracaso nos inmoviliza)... pero sabemos que la meritocracia no siempre rinde frutos y la frustración ha tocado su puerta muchas veces.
Marino rescata la la música del Perú a través de la investigación y el trabajo de campo (en lo que lo intuyo autodidacta) entrevistando a antiguos cultores del criollismo... Marino no graba discos... y hay que inistirle mucho para que nos cante sus canciones...
Marino vive para y por la música, que ha sido tal vez su amante más esquiva... la que lo hace esperar, que lo toma y deja como quiere... y él le es fiel a pesar de todo, como esos hombres pisados. La música es dueña de Marino. Pero la noche del domingo fue su madre (y la gran presencia de ella que él trajo para todos) la que le dobló la mano... Marino ganó porque su tema era el mejor, asi de simple. Ganó porque la poesía era delicada, llena de metáforas precisas; ganó porque la música era bella, llena de matices y colores, ganó porque el es el mejor, puta madre, es el mejor y que lo sepa el mundo: el mejor es mi maestro también.
Esa noche fue lindisima en todo sentido, al triunfo en su categoría de Marino con su Yaraví "a Silvia del mar" le siguió el triunfo de Piero con "el Chalan" que, polémicas más polémicas menos, se merecía ampliamente el reconocimiento de su música.
Nos fuimos a casa con el "corazón contento" con risa y el recuerdo de los nervios y los gritos por partida doble que, privilegiadamente, dos queridos amigos nos habian regalado... pero quedaba pendiente todavía la jornada siguiente, la premiación general para la canción ganadora de entre todas las seis categorías que involucraban el festival...
Hasta las siete de la tarde del domingo no teníamos entradas, pero Julio que nunca se rinde, nos llevo a Gaby y a mi al Parque de la Exposición a ver que se hacía... teníamos que acompañar a los amigos aunque teníamos la casi certeza que era casi imposible que un género como criollo ganase, menos Andino... en un país marcado por la discriminación y el centralismo y en el marco de un festival popular, creíamos casi imposible que más allá de las calidades de nuestros amigos tuviesen oportunidad de ganar...
Llegamos a un anfiteatro abarrotados de adolescentes que esperaban por un grupo llamado "la quinta estación" sorpresa para nosotros, no conocíamos ni de oidas la existencia de dichos "músicos" banda de lugares comunes con la unica gracia de la potente voz de su vocalista... que seguramente estaba ahi más por sus piernas que por su voz, pero en fin... eso vino después y francamente a esas alturas no nos importaba ni un pincho.
Pasaron las tres categorías restantes mientras nuestro relajo contrastaba con el nerviosismo del día anterior, esperabamos tranquilos que ganara cualquier tema promocionable en las radios. Cuando llegó el momento de la final un resúmen de los temas del día anterior nos devolvió la conmoción sentida ante la impecable presentación de Marino, la alegria de la performance de Piero y las ganas y los nervios... dejé a Gaby en el suelo para poder aplaudir (por las dudas) y mi bolso amarrado a los pies para tener libertad de movimiento... fue confuso, en algún momento entre la chachara de Gianmarco escuché "a Silvia del mar" y mis propios gritos fueron ahogados por los de Juanjo, hermano de Marino que saltaba y gritaba como un enajenado...
Recuerdo que la emoción me embargaba de tal manera que temblaba de pies a cabeza ¿en qué momento el mundo habia cambiado tanto que un músico era reconocido en un festival por su calidad, poesía, musicalidad, riesgo, etc.? no era creíble... sin embargo, ahora, lejos del ahogo y la euforia del momento es posible analizarlo de mejor modo...
"a Silvia del mar" la escuché por primera vez en el comedor de mi casa. Fue un regalo de Marino, como una respuesta de complicidades ante una reciente composición mía a mi abuela muerta... la madre de Marino habia fallecido hacia un tiempo, y Marino habia compuesto un Yaraví para ella, celosamente guardado... era parte de su intimidad, de su forma de lidiar con su duelo, pero la belleza de su composición traspasaba eso íntimo para volverlo universal.
Volví a escuchar en mi casa alguna vez el Yaraví de Marino, él siempre de perfil bajo y sin aspavientos de ningún tipo, por supuesto no la habia grabado ni tenía intenciones de hacerlo, pero en fin, sabíamos que no se le podía insistir... el talento musical de Marino es parte de las representaciones colectivas de nuestro pequeño mundo, quienes lo conocemos sabemos que es tremendo músico y también que él no hará mucho para que esa gente se amplié... a el no le gusta explicarse, no le gusta mostrarse, le carga el figuretismo y una de las virtudes que mas debe admirar es la prudencia... su talento, por supuesto, traspasa eso, pero el se juega chueco a menudo y logra esconderse de modos increíbles... tal vez por eso nos sorprendió tanto cuando supimos de su participación... con gusto infinito al saber que era uno de los finalistas, sabiendo de antemano que si el jurado era de calidad sus posibilidades de ganar eran altisimas.
Cuando Marino salió al escenario la parafernalia del festival desapareció... era sólo eso: un escenario, un hombre vestido de blanco con su guitarra y otro de negro con su guitarra, dos microfonos y nada más.
Desde el primer acorde la música no llegaba a los oidos, sino directamente al estomago, a los recuerdos mas antiguos, recuerdos de aromas maternos, y caricias y calor... recuerdos de sonidos atenuados por líquido amniotico, recuerdos de tibieza, de dulzura de leche, recuerdos de madre.
El tema que habiamos escuchado en la sala de mi casa había criado alas, y fluía desde la voz de Marino (una voz doliente, chiquita, pero que a diferencia de otras veces llegó a cada nota de modo impecable) al tiempo que unas soberbias guitarras inundaban la noche limeña. El Yaraví habia viajado al fondo mismo de la tierra Arequipeña y regresado con estilo propio, transformado en pura belleza.
Marino hace música desde que era un adolescente, pero a diferencia de alguien como yo, el tiene kilos de talento... y ha apostado con porfía y el ensimismamiento de una mula a vivir de la música (eso mismo que yo y tantos otros no nos atrevemos a hacer por que el miedo del fracaso nos inmoviliza)... pero sabemos que la meritocracia no siempre rinde frutos y la frustración ha tocado su puerta muchas veces.
Marino rescata la la música del Perú a través de la investigación y el trabajo de campo (en lo que lo intuyo autodidacta) entrevistando a antiguos cultores del criollismo... Marino no graba discos... y hay que inistirle mucho para que nos cante sus canciones...
Marino vive para y por la música, que ha sido tal vez su amante más esquiva... la que lo hace esperar, que lo toma y deja como quiere... y él le es fiel a pesar de todo, como esos hombres pisados. La música es dueña de Marino. Pero la noche del domingo fue su madre (y la gran presencia de ella que él trajo para todos) la que le dobló la mano... Marino ganó porque su tema era el mejor, asi de simple. Ganó porque la poesía era delicada, llena de metáforas precisas; ganó porque la música era bella, llena de matices y colores, ganó porque el es el mejor, puta madre, es el mejor y que lo sepa el mundo: el mejor es mi maestro también.